Una vez, un joven acudió al templo del sabio del pueblo en busca de consejo. Al entrar al templo pudo observar como el anciano se encontraba meditando en el suelo. Aún así, el joven interrumpió la meditación:
- Necesito su consejo maestro.
- ¿Tan importante es el consejo que necesitas interrumpirme? Cuéntame. Respondió con seriedad y cierta resignación el anciano.
- Es por una hermosa joven. Me desvivo por ella, me consume pensarla. Ansío su presencia como ansío acariciarla. Temo perderla aun sin tenerla, pero la amo y no puedo vivir sin ella. No se que hacer para convencerla…
- ¿Convencerla? ¿para que? Interrumpió el maestro.
Entonces el joven contó que había visto a la mujer de sus sueños en un pozo cercano. Que desde ese día acudió siempre a verla, a contemplarla, a sentirla… No había mediado palabra con ella y se limitaba a observarla desde lo lejos. Ella no sabía de su existencia. Incluso, había preguntado a todos los que la conocían cómo era, cómo vivía… Y así, contó que se enamoró de ella.
- ¿Cómo te has podido enamorar de alguien que ni tan siquiera conoces? -Preguntó el anciano con curiosidad.
- Existe algo mágico en el amor, en ella, que me ha cautivado y ha despertado en mí un sentimiento inexplicable e irracional, me muero por ella…
- No conocí a nadie que muriera de amor. -Contestó bruscamente el sabio.
- ¿Qué hago? ¿Hablo con ella? Necesito tu consejo. -Lanzó preguntas el chaval ignorando el comentario anterior.
- Puedes hacer dos cosas: decírselo o no decírselo. Puedes obtener dos respuestas: un si o un no… Pero lo más importante ¿Tú felicidad ahora depende de ella? ¿Ahora que ni la conoces? –Preguntó el sabio.
- Se podría decir que si. –contestó seguro.
- No es amor eso que dices sentir, pues el amor no entiende de decisiones puntuales. El amor no entiende de atracción física. Más como yo entiendo el amor, el amor es mágico si, pero el amor implica correspondencia, no lo entiendo como un sentimiento unilateral, posesivo y hasta paranoico. Yo que estaba meditando, que te escuché convencido de lo que decías, te aseguro que no es amor ni enamoramiento eso que dices. Quizás con el tiempo si, pero no te empeñes en sentir algo que tiene que brotar solo… y que solo con amor mutuo puede convertir a tu deseada en eso que me has dicho. No proyectes en ella lo que quieras que sea, pues te aseguro que no lo es.
Alexander García Hernández
viernes, 8 de mayo de 2009
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3 comentarios:
No se que lo produjo, pero al menos a ti el dolor te ha servido para reflexionar en cambio a otras personas solo le produce vilencia.
Genial...
no lo había visto así...muy buena reflexión
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