La reflexión más absoluta es la consecuencia del dolor más intenso. Esto es, cuanto más daño se sufre, más reflexivo te vuelves. Ello quizás explique porque soy tan reflexivo, pues lo soy, más de lo que deseo. Tanto que se convierte en contraproducente. Contraproducentemente reflexivo soy digo. Hace poco he vuelto a ser testigo de mi mayor reflexión, quiero decir, de mi dolor más intenso. Estaba preparado para enfrentarme a él, sabía, y sé, que mi razón es lo suficientemente poderosa como para desviar las lanzas que pudieran arrojarme. Digamos que los arqueros dispararon y digamos que las flechas se clavaron en mi cuerpo. Lo único que pude hacer es despojarme de ellas, quedé malherido. No las pude esquivar, pensé que la ética me haría ser más ágil, pero no pude, de nada me sirvió mi preparación. La ética que intento vivir marca unas pautas que pretendo que me hagan hacerlo de la mejor manera posible, ello es, con más sonrisas que silencios derivados del dolor. Pero el dolor es natural, aunque yo me empeñe en decir con la moral y la ética que podemos despojarnos de él. No puedo crear un mundo sin dolor, no puedes vivir sin él, es imposible caminar sin sufrirlo.
He pillado una pequeña libreta donde escribo cosas, malas siempre. Cuando las cosas van bien, parece que escribir no tiene sentido. Procuro escribir todos los días, procuro que cada frase que escucho que me parezca interesante quedé inmortalizada, por lo menos en mi blog. Pero no creo que inmortalizar mi dolor sea necesario. Contraproducente, seguro que lo es. Cuando tocaron en la puerta y al abrir vi algo que no me gustaba, que me causaba dolor, tuve miedo, por ello pille mi libreta y empecé a escribir esto que lees. Inmortalizo mi dolor sin decirte que me pasa, no puedes imaginarte de donde proviene. Amigo, tu seguro que tarde o temprano padezcas el dolor, y no me podré imaginar de donde viene… pero podré decirte una cosa que en este ratito he pensado:
“Si el dolor toca a tu puerta
tendrás que abrirla, no serás tan mal anfitrión,
si pasa y se acomoda, no seas imbécil
educadamente dile que te tienes que marchar.
Escuchar el dolor es escucharte.
Escucha como te sientes, mírate al espejo.
Escúchalo y reflexiona.
Algo que te duela te hará crecer y madurar,
no mires a otro lado, míralo a los ojos
y recuerda la frase con la que empecé…
La reflexión más absoluta es
la consecuencia del dolor más intenso”
jueves, 7 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario