viernes, 1 de mayo de 2009

Breve parada

Yo vengo de un lugar donde el sol no solía salir. Así aprendí a caminar en la oscuridad, siendo testigo de que el camino de noche supone los mismos pasos que recorrer el camino con la claridad del día. Peregrino soy en la vida, pienso. Razonable al recorrerla, siento. Y suelo tropezar; más de lo que quiero, más de lo que me gustaría. Tarde o temprano me cultivé sabiendo que la noche formaba parte del camino, que los grandes prados no siempre acompañarían a este peregrino. Erré tantas veces como pasos di, creo. Eran mis tropiezos los únicos que podían enseñarme, y así lo hicieron. Era normal que el trayecto de una vida necesitase una parada. Paré y miré el horizonte, luego miré atrás, el descanso era tan importante como el propio camino. Cogí aliento, tomé provisiones, apunté notas en mi vieja libreta, y volví a emprender el viaje, el viaje de mi vida.

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