jueves, 12 de febrero de 2009

Tu pensamiento

Tanto caminé que al final me cansé de caminar. Pues no existe una actividad humana vitalicia, mas el ser humano es inmenso. Inmenso en todos los sentidos, aunque sólo tengamos cinco, inmenso en la capacidad de sentir y de pensar, pues cada pensamiento es in cuantificable, pues cada sentimiento es infinito... Hablo de infinidad como podría hacerlo de los límites de una función contrapuesta en valor del divisor x=0, como las partes en las que podemos dividir un centímetro o como la capacidad que tiene tu mente de generar ideas, sensaciones, opiniones, etc. Es decir, todo aquel que piensa será infinito en vida, potencialmente podrá pensar cualquier cosa debido a su pensamiento imperecedero (en vida, atento): lo que ayer usted aborreció hoy puede ser algo nuevo y por descubrir, o lo que ayer no le gustaba hoy si, esa es la infinidad de la mente a la que me refiero. Un bucle continuo de ideas que se superponen unas contra otras, donde difícilmente encontraremos la primera idea y donde pocas de éstas son ideas matrices.
Ahora bien, piensa y busca lo primero que pensaste, lo último, lo penúltimo… posiblemente tu primer pensamiento desapareció ya de tu memoria, no recuerdas tu recuerdo. Ahora, en un segundo ejercicio desvalija de tu mente todos los pensamientos que no creas que son pensamientos matrices, es decir, los pensamientos secundarios y céntrate en tus ideas centrales. Posiblemente no tengas la capacidad de independizar pensamientos mentales ni graduarlos en primarios, secundarios, terciaros… Recorrer el camino de la vida para mí supone, entre otras muchas cosas, identificar las ideas matrices y que fundamentan tu forma de pensar, independientemente de la infinidad potencial de éstas.
A modo de ejemplo le cuento, ayer no me gustaba hacer ejercicio en gimnasios, en cambio esta mañana, al pasar frente a él, he sentido curiosidad por sentir mi cuerpo en contacto con el sufrimiento que suponen los discos. Después de darle vueltas a lo largo del mediodía, al caer la tarde he decidido apuntarme en un gimnasio cercano a casa. Había cambiado mi forma de pensar en un día, pero ¿Qué quiero decir con esto? Pues fundamentalmente que el refrán “nunca digas nunca” es bastante aceptable a la hora de recorrer tu camino. No hay una puerta cerrada jamás, tu pensamiento es infinito recuérdalo y, por tanto, tu forma de actuar interpretará tu ideología.
En resumidas cuentas, te acabo de plantear que un ser humano es algo variable, que cambia constantemente y como ente cambiante, no puede ser definido. Si eres infinito eres indefinido es la conclusión que quiero que medites. Hoy no eres el mismo que comenzó a leer este texto, ni eres lo mismo para mi que para tu pareja, ni para tu madre… Esa falta de objetividad para definirte produce que tu seas un ente que cambia constantemente (aunque algo debe permanecer). Y eso es lo que quería trasmitirte, busca tus ideas matrices y haz que éstas, si son de verdad, no varíen, que exista coherencia en tu forma de recorrer la vida. Tus ideas matrices, por ejemplo, la vida sana, se podrían imponer a mi manía contra los gimnasios. Que las ideas matrices gestionen en cierto modo los prejuicios secundarios nos hará menos invariables.
Pero ¿Qué es mejor: ser variable o invariable? ¿ser finito de pensamiento o infinito? Querido lector, no tengo las respuestas a semejantes preguntas, ni creo que haya una valoración imparcial al respecto. En lo único que me podría basar para defender que no quiero ser variable es por las personas que me rodean, en el amor que siento por ellos. Por eso, debo plantear una matricidad mental que haga coherente mi forma de vivir hoy y mañana, algún protocolo a mi forma de vivir, sobre todo por quien me rodea y a quien no quiero hacer daño, a mis verdaderos compañeros de viaje.