miércoles, 28 de enero de 2009

La montaña

Un día, mientras pensaba en mis cosas, observé detenidamente las montañas que me rodeaban, pude notar como me llamaron especialmente la atención los preciosos prados verdes que ante mi se mostraban, eran tan fantásticos que me quedé disfrutándolos detenidamente. Hubo uno entre tantos por el que sentí especial curiosidad, era inclinado, frondoso y cívico. Me sentí atraído por aquello, me sentí ensimismado y no pude quitar mi mirada de aquel prado en particular... Era un prado sencillo, seguramente descuidado por demás aventureros y que realmente no dejaba de ser, a ojos ajenos, un prado más. Pero para mí, realmente hubo algo que lo hizo diferente, hubo algo que me cautivó. Por eso, decidí comenzar a caminar en esa dirección y hacia ese prado en particular.

Manos a la obra y con todo mi esfuerzo y amor me propuse conocer todas aquellas praderas llenas de caminos que conducían a la cumbre. Disfrutaba tanto caminando por esas calzadas que me lo tomé con calma, fui a paso lento haciendo de cada instante un momento único y mágico. Para mi fue un trayecto verdaderamente corto, tardé dos años en recorrer la pradera pero pasaron a una velocidad vertiginosa. Cuando parecía haber conocido todos los rincones y me aproximé a la cima, con toda la felicidad que esto entrañaba, pude ver a otro aventurero alcanzar la cima escasos metros antes que yo por la cara opuesta de la pradera. Había coronado el “corazón” de la montaña. Fue mayúscula mi tristeza ya que el prado no debía tener dueño, di media vuelta y volví marcha atrás. Descendí, primero corriendo pero me caí, así que luego fui a paso lento…

Cuando llegué abajo (esta vez el trayecto se me hizo mucho más largo) volví a mirar ese fabuloso prado, era uno más entre tantos, pero realmente marcó el camino de mi trayecto.


En esta historia muestro, de manera simbólica, lo que representa el amor; una montaña, un prado, dos aventureros yuna continua ascensión hacia una cima imaginara que no debemos alcanzar. La montaña o prado es el amor, el otro aventurero es mi pareja y yo soy el aventurero. El camino debe ser lo importante en este recorrido, deben ser los infinitos caminos los que mantengan viva la llama de la pasión, que nadie corone la cima. Si caemos en el error de buscar la cima, de correr hacia lo alto caeremos hacia el inicio del camino y perderemos la oportunidad de volver a comenzar por cansancio. Se feliz y disfruta del amor.

Alexander García Hernández

0 comentarios: