miércoles, 7 de enero de 2009

Futuro, pasado y presente

A veces suelo decir entre mis amigos que quien conoce el pasado puede predecir el futuro y aunque quizás no conozca tanto, como debería, acerca de la historia de la humanidad, sabemos que la historia siempre se repite. De este modo, si está escrita, sólo tenemos que leerla para revivirla y predecirla. Si a este proceso lógico le añadimos que cualquier acontecimiento histórico viene predecido por sucesos sociales, revueltas, manifestaciones o niveles de vida precarios, nuestro nivel de vaticinio sobre lo futuro puede alcanzar, en lo social y en lo político, el de adivino. El resultado es que tenemos una fórmula para encontrar algunas respuestas a una de las mayores preocupaciones de la humanidad: conocer el futuro. Pero no es el objeto de estas líneas escribir sobre bolas de cristal y cartas que predicen el futuro, al contrario, pretendo hablar de cómo las sociedades suelen tener comportamientos similares, independientemente del momento histórico o de los avances tecnológicos, y como, estudiándolos y conociéndolos podemos saber que consecuencia tendrá el hoy sobre el mañana.
Y aquí es donde yo ahora lanzo varias preguntas que deberíamos hacernos todos, ¿Nuestro pésimo nivel de vida, camuflado por el gobierno haciéndonos creyentes de una próspera economía, ha sido el principal detonante de esta crisis?, ¿Realmente nadie pronosticó este desenlace o realmente los bancos sólo pretendían, de manera avariciosa, lucrarse en ese momento sin importar las consecuencias? Pues en este caso la avaricia rompió el saco, el saco de nuestra mentira, la mentira de la prosperidad y del bienestar de los mileuristas de España… Esta crisis, este hecho histórico, como todo, se pudo predecir, se debió predecir pero pareció no interesar a nadie… Y ante esta crisis, que entra por la puerta de las casas de los españoles, necesitamos explicaciones de porqué se ha producido y porque no se ha predecido. Si nuestra economía era próspera, y la economía mundial era floreciente, me gustaría buscar causas más sociales que provocaron esta desaceleración, quizás sea nuestra pésima calidad de vida o las espectaculares campañas de marketing las que han confundido al grueso social, ahora sólo queda actuar ante este demoledor panorama que esperamos para 2009.

Alexander García Hernández

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