En los malos tiempos que corren y que provocan tempestades en cualquier ámbito de lo social, resulta obvio replantearse ahora como continuarán las aguas después de atravesar este mar crisiático, siempre que lo consigamos nadar con el suficiente “esfuerzo”. Y es que el sistema democrático español comienza a mostrar grandes signos de debilidad desde distintas perspectivas. Descentrándonos del problema de la crisis (que tendrá sus consecuencias internacionales y externas ajenas a nuestro sistema) resulta obvio que la comunidad española avanza a pasos forzados a un distanciamiento de las distintas clases sociales. ¿Qué quiere decir esto? El sistema nacional está acelerando la desaparición de las clases medias, es decir, maximizando las diferencias entre ricos y pobres. Esto responde a que nuestra generación, la más formada de la historia, plantea una terrible competencia a la hora de integrarse masivamente en el mercado laboral, jóvenes virtuosos con espléndidos currículos ven repentinamente frenadas sus aspiraciones con sueldos muy por debajo de lo que su formación exige… Para pertenecer al cada vez más reducido grupo de las clases medias, un individuo debe percibir anualmente una cantidad superior a los 22.000 euros. Pocos empleos de nuestra sociedad permiten tal cantidad de efectivo para remunerar… Se han creado expectativas que los jóvenes no verán cumplidas en su inserción al mercado laboral, primero porque tales expectativas están muy por encima de la realidad, segundo porque la enseñanza está tremendamente desvirtuada del mundo real y tercero porque, simplemente, España no tiene un nivel tan competitivo económicamente. Jóvenes que antiguamente integrarían el selecto grupo de las clases medias se convertirán, aún con gran formación, en lo que se conoce como “mileuristas”.
A este fenómeno (analizado transitoriamente y que profundizaré en futuros escritos) tengo que añadir otro término extremadamente relevante. Ese término no es otro más que el esfuerzo. La Rae define el esfuerzo como el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. No nos es nuevo que estas nuevas generaciones tan formadas, han sido educadas en un sistema “brillante” y estable, donde los jóvenes apenas han afrontado obstáculos a lo largo de su adolescencia, donde el esfuerzo, desgraciadamente ha pasado a un segundo plano, permítaseme incluso citar que a un tercer plano. El esfuerzo parece no formar parte del Sistema Pedagógico Español, ni de las aulas (totalmente desvirtuadas de la realidad), ni de la adolescencia, ni de los educadores... Esta generación ha perdido la oportunidad de crecer en un sistema que pone barreras, que actúa de manera paternalista. Esta mentalidad sólo consigue complicar masivamente las cosas.
Para terminar por hoy, manifestar que el esfuerzo y el fracaso de las expectativas derivan en una generación frustrada, que realmente y posiblemente necesite un buen reciclado para convertir a esta sociedad en una sociedad del máximo bienestar, de independencia económica y que rechace el peligroso acercamiento al Comunismo, que es a lo que nos conduce la extensión del mileurismo.
Alexander García Hernández
martes, 27 de enero de 2009
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