viernes, 23 de enero de 2009

Desigualdad

Nunca lo había debatido, pero empecé a replantearme ese asunto. Podía ser algo común, y es que en todas las casas los padres siempre quieren a un hijo más que a otro (aunque lo nieguen). Eso me llevó a pensar, y el pensar me llevó a dudar, y al dudar llegué a una conclusión: en cualquier hogar de cualquier país existe algún tipo de desigualdad. No llegué a la conclusión de que fuese desigualdad de derechos, pero si había una desigualdad, al menos una distinción de afectividad. Si en un hogar donde predominan los sentimientos de amor y cordialidad (o por lo menos deberían predominar), donde padres e hijos se quieren por lazos de naturaleza humana existe la desigualdad, ¿cómo podríamos negar que tal distinción de clases en una sociedad no sea algo natural?
Las leyes podían insinuar que éramos iguales ante la ley pero no decían nada de que fuésemos iguales en la vida o en la sociedad. Ese día me dí cuenta de que eramos distintos en la sociedad, que nos dividiamos en clases desiguales dentro de una sociedad. Por ejemplo, si a ti te gusta divertirte y a mi me gusta estudiar, cuando alguien valoré nuestra educación seremos desiguales, y si desde otra perspectiva se valora la diversión, también seremos diferentes ante dicha valoración.
Esta desigualdad nos lleva a una sociedad heterogénea, donde tarde o temprano lo material maximiza nuestras diferencias. En ese momento, me di cuenta de que la igualdad era una utopía, que en las sociedades existen de manera natural personas ricas y personas pobres, que existe una diferencia de clases, aunque no nos guste. Pero ¿por qué?, sencillamente porque somos seres distintos dentro de una sociedad por naturaleza.
Ahora bien, para terminar, sé que es sencillo que pienses de manera diferente a lo que yo pensé ese día, pero ese pensamiento disímil ya crea una diferencia, un pensamiento diferente que hará más desigual esta sociedad, lo que nos hace únicos

Alexander García Hernández. (Basado en Aristóteles).

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