jueves, 29 de enero de 2009

Ansío

- ¿Qué ansías?- Preguntó el anciano…

A lo que yo contesté:

“Ansío caminar sin caerme,
Ansío disfrutar el presente sin estropear lo futuro,
Ansío ver todo cuanto me rodea y sentirme parte de ello,
Ansío sentir cada momento,
Hacer de cada momento un paso inigualable,
Ansío ser yo cuando menos debo serlo,
Ansío estar contigo si tú me lo pides,
Ansío recorrer el camino de mi vida,
Superar sus socavones haciéndome cada vez más fuerte
Ansío los consejos de quien me aprecia,
Ansío las palabras del que me susurra,
Ansío querer sin miedos,
Pero me da miedo ansiar los miedos que no ansio,
Ansío el dolor sin sufrimiento,
Ansío la respuesta a mis preguntas
Ansío un final feliz de esta historia…
Ansío no ansiar más…”

Cuando terminé, el señor mayor replicó:

- Ansías ser feliz, pero eso es imposible. No debes ansiar nada, debes aprender de cada paso, eso te hará vivir en paz contigo mismo.

Alexander García Hernández

miércoles, 28 de enero de 2009

La montaña

Un día, mientras pensaba en mis cosas, observé detenidamente las montañas que me rodeaban, pude notar como me llamaron especialmente la atención los preciosos prados verdes que ante mi se mostraban, eran tan fantásticos que me quedé disfrutándolos detenidamente. Hubo uno entre tantos por el que sentí especial curiosidad, era inclinado, frondoso y cívico. Me sentí atraído por aquello, me sentí ensimismado y no pude quitar mi mirada de aquel prado en particular... Era un prado sencillo, seguramente descuidado por demás aventureros y que realmente no dejaba de ser, a ojos ajenos, un prado más. Pero para mí, realmente hubo algo que lo hizo diferente, hubo algo que me cautivó. Por eso, decidí comenzar a caminar en esa dirección y hacia ese prado en particular.

Manos a la obra y con todo mi esfuerzo y amor me propuse conocer todas aquellas praderas llenas de caminos que conducían a la cumbre. Disfrutaba tanto caminando por esas calzadas que me lo tomé con calma, fui a paso lento haciendo de cada instante un momento único y mágico. Para mi fue un trayecto verdaderamente corto, tardé dos años en recorrer la pradera pero pasaron a una velocidad vertiginosa. Cuando parecía haber conocido todos los rincones y me aproximé a la cima, con toda la felicidad que esto entrañaba, pude ver a otro aventurero alcanzar la cima escasos metros antes que yo por la cara opuesta de la pradera. Había coronado el “corazón” de la montaña. Fue mayúscula mi tristeza ya que el prado no debía tener dueño, di media vuelta y volví marcha atrás. Descendí, primero corriendo pero me caí, así que luego fui a paso lento…

Cuando llegué abajo (esta vez el trayecto se me hizo mucho más largo) volví a mirar ese fabuloso prado, era uno más entre tantos, pero realmente marcó el camino de mi trayecto.


En esta historia muestro, de manera simbólica, lo que representa el amor; una montaña, un prado, dos aventureros yuna continua ascensión hacia una cima imaginara que no debemos alcanzar. La montaña o prado es el amor, el otro aventurero es mi pareja y yo soy el aventurero. El camino debe ser lo importante en este recorrido, deben ser los infinitos caminos los que mantengan viva la llama de la pasión, que nadie corone la cima. Si caemos en el error de buscar la cima, de correr hacia lo alto caeremos hacia el inicio del camino y perderemos la oportunidad de volver a comenzar por cansancio. Se feliz y disfruta del amor.

Alexander García Hernández

martes, 27 de enero de 2009

Despues de la crisis

En los malos tiempos que corren y que provocan tempestades en cualquier ámbito de lo social, resulta obvio replantearse ahora como continuarán las aguas después de atravesar este mar crisiático, siempre que lo consigamos nadar con el suficiente “esfuerzo”. Y es que el sistema democrático español comienza a mostrar grandes signos de debilidad desde distintas perspectivas. Descentrándonos del problema de la crisis (que tendrá sus consecuencias internacionales y externas ajenas a nuestro sistema) resulta obvio que la comunidad española avanza a pasos forzados a un distanciamiento de las distintas clases sociales. ¿Qué quiere decir esto? El sistema nacional está acelerando la desaparición de las clases medias, es decir, maximizando las diferencias entre ricos y pobres. Esto responde a que nuestra generación, la más formada de la historia, plantea una terrible competencia a la hora de integrarse masivamente en el mercado laboral, jóvenes virtuosos con espléndidos currículos ven repentinamente frenadas sus aspiraciones con sueldos muy por debajo de lo que su formación exige… Para pertenecer al cada vez más reducido grupo de las clases medias, un individuo debe percibir anualmente una cantidad superior a los 22.000 euros. Pocos empleos de nuestra sociedad permiten tal cantidad de efectivo para remunerar… Se han creado expectativas que los jóvenes no verán cumplidas en su inserción al mercado laboral, primero porque tales expectativas están muy por encima de la realidad, segundo porque la enseñanza está tremendamente desvirtuada del mundo real y tercero porque, simplemente, España no tiene un nivel tan competitivo económicamente. Jóvenes que antiguamente integrarían el selecto grupo de las clases medias se convertirán, aún con gran formación, en lo que se conoce como “mileuristas”.
A este fenómeno (analizado transitoriamente y que profundizaré en futuros escritos) tengo que añadir otro término extremadamente relevante. Ese término no es otro más que el esfuerzo. La Rae define el esfuerzo como el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. No nos es nuevo que estas nuevas generaciones tan formadas, han sido educadas en un sistema “brillante” y estable, donde los jóvenes apenas han afrontado obstáculos a lo largo de su adolescencia, donde el esfuerzo, desgraciadamente ha pasado a un segundo plano, permítaseme incluso citar que a un tercer plano. El esfuerzo parece no formar parte del Sistema Pedagógico Español, ni de las aulas (totalmente desvirtuadas de la realidad), ni de la adolescencia, ni de los educadores... Esta generación ha perdido la oportunidad de crecer en un sistema que pone barreras, que actúa de manera paternalista. Esta mentalidad sólo consigue complicar masivamente las cosas.
Para terminar por hoy, manifestar que el esfuerzo y el fracaso de las expectativas derivan en una generación frustrada, que realmente y posiblemente necesite un buen reciclado para convertir a esta sociedad en una sociedad del máximo bienestar, de independencia económica y que rechace el peligroso acercamiento al Comunismo, que es a lo que nos conduce la extensión del mileurismo.

Alexander García Hernández

domingo, 25 de enero de 2009

Poema de Bucay

Este poema de Jorge Bucay es, bajo mi perspectiva, el que mejor retrata lo que debe ser una relación afectiva entre dos personas. De este modo, me gustaría que apagaseís la música y que presteseis la máxima atención a los versos que a continuación se muestran...

Quiero

Quiero aprender a oírte sin juzgarte,

Quiero que me enseñes a opinar sin darte consejos,

Quiero que aprendas a confiar en mí; sin exigirme,

Quiero enseñarte a ayudarme sin intentar decidir por mí,

Quiero aprender a cuidarte sin anularte,

Quiero que me enseñes a mirarte sin proyectar cosas en ti,

Quiero que aprendas a animarme sin empujarme,

Quiero enseñarte a abrazarme sin asfixiarme,

Quiero aprender a sostenerte sin hacerme cargo de ti,

Quiero que me enseñes cómo protegerte sin mentiras,

Quiero aprender a acercarme a ti sin invadirte,

Quiero que aprendamos a aceptar las cosas del otro que
más nos disgustan, tanto como para no pretender cambiarlas,

Quiero que hoy, después de lo aprendido yo de ti y tú
de mí, seamos capaces de elegirnos otra vez sin condiones.

sábado, 24 de enero de 2009

Tormenta

Estaba lloviendo más de lo habitual en una zona que generalmente era cálida y seca. Mientras yo conducía presencié, a través de la ventana de mi coche, los azotes de la tormenta. Puedo decir que pasé miedo, pero no el suficiente como para detenerme. Contemplaba la idea desde hacia semanas de que debía marchar a casa de mi novia para verla, y ese deseo parecía ser superior a las circunstancias que me rodeaban, circunstancias adversas que me hacían temer por mi existencia. Tenía dos opciones: dar marcha atrás y volver a mi casa o continuar el peligro para conseguir lo que soñaba. No sé porque lo hice pero continué, decidí enfrentarme a la muerte por lo que deseaba. Tomé precauciones y marché con una velocidad reducida a través de una carretera que parecía desdibujarse ante mí... El deseo se impuso a la razón y la razón se desvaneció ante la tormenta.
Esas tierras del trayecto siempre habían sido áridas, daba gusto circular por esas enormes autopistas debido a su clima cívico. Siempre que podía recorría el trayecto para ver a mi amada, pero hoy era un lugar diferente, rabioso. Jamás en mi sano juicio hubiese antepuesto el sentimiento a la razón, pero ese día lo hice y fue la peor decisión.
En esos 60 kilómetros de trayecto sólo pensé en mi querida, en nuestro encuentro y nuestra pasión. Lo que no sabía es que me estaba jugando la vida por un encuentro de poco más de tres horas, me estaba jugando todo por un instante. ¿Qué podía suceder? Lo peor sucedió y en un trágico accidente me desvanecí para siempre y se desvaneció todo mi amor.

La vida es un instante y si anteponemos nuestros sentimientos a los peligros, puede que no existan más sentimientos. Amar es una locura a no ser que se ame con locura. Y con locura siempre amamos, pero guardemos un atisbo de cordura ante el comportamiento irracional y suicida. Lo natural y lo correcto no debe obligatoriamente salir bien siempre. Recuérdalo.

Alexander García Hernández

viernes, 23 de enero de 2009

Desigualdad

Nunca lo había debatido, pero empecé a replantearme ese asunto. Podía ser algo común, y es que en todas las casas los padres siempre quieren a un hijo más que a otro (aunque lo nieguen). Eso me llevó a pensar, y el pensar me llevó a dudar, y al dudar llegué a una conclusión: en cualquier hogar de cualquier país existe algún tipo de desigualdad. No llegué a la conclusión de que fuese desigualdad de derechos, pero si había una desigualdad, al menos una distinción de afectividad. Si en un hogar donde predominan los sentimientos de amor y cordialidad (o por lo menos deberían predominar), donde padres e hijos se quieren por lazos de naturaleza humana existe la desigualdad, ¿cómo podríamos negar que tal distinción de clases en una sociedad no sea algo natural?
Las leyes podían insinuar que éramos iguales ante la ley pero no decían nada de que fuésemos iguales en la vida o en la sociedad. Ese día me dí cuenta de que eramos distintos en la sociedad, que nos dividiamos en clases desiguales dentro de una sociedad. Por ejemplo, si a ti te gusta divertirte y a mi me gusta estudiar, cuando alguien valoré nuestra educación seremos desiguales, y si desde otra perspectiva se valora la diversión, también seremos diferentes ante dicha valoración.
Esta desigualdad nos lleva a una sociedad heterogénea, donde tarde o temprano lo material maximiza nuestras diferencias. En ese momento, me di cuenta de que la igualdad era una utopía, que en las sociedades existen de manera natural personas ricas y personas pobres, que existe una diferencia de clases, aunque no nos guste. Pero ¿por qué?, sencillamente porque somos seres distintos dentro de una sociedad por naturaleza.
Ahora bien, para terminar, sé que es sencillo que pienses de manera diferente a lo que yo pensé ese día, pero ese pensamiento disímil ya crea una diferencia, un pensamiento diferente que hará más desigual esta sociedad, lo que nos hace únicos

Alexander García Hernández. (Basado en Aristóteles).

Un día

Los rayos del sol atravesaban las ventanas de mi habitación, sol resplandeciente que me despertó. Era temprano y ante mi tenía un día inmenso si, pero un inmenso día más. Ese día me propuse desconfiar de todo cuanto viese, y ví cosas: buenas y malas. Decidí replantearme la fiabilidad de mis sentidos, hasta ahora incuestionables. Empecé a dudar, dudé de todo cuanto oí, de todo cuanto vi, del calor de ese sol que me había despertado e incluso del sabor de cuanto probé. Dudé de lo que me dijeron porque dudaba de los sentidos de quienes hablaban, es más, dudé de que existiesen quienes hablaban porque dudaba de todo cuanto pasaba. Dudaba que pasase algo, algo que pasase. Dudé de mi conocimiento porque mi conocimiento también se basaba en mis sentidos, y eso me hacia dudar. Dudé de mi opinión porque mi opinión era dudosa y dudé de los envidiosos que criticaban a los ausentes (de esos siempre había dudado). Pude observar la distancia que me separaba de todo cuanto tenía a mí alrededor, porque ese alrededor me generaba dudas. Si me encontraba en una habitación, mis sentidos me decían que esa habitación existía, pero al marcharme mis sentidos mostraban que tal habitación posiblemente ya no existiese, o por lo menos hasta que no volviese a aquel habitáculo. Los sentidos me mostraban una cosa que desde luego no podía creer, mi mente ordenaba toda esa información haciendo lógico todo cuanto percibía. Pero ese orden que mi lúcida mente creaba, me volvía a generar una vez mas, dudas. Fue un día en el que no dejé de dudar, de replantearme el sentido de todo cuanto pasaba… podía estar loco, pero era dudoso… de lo único que no tuve dudas es de que, efectivamente, estaba dudando.

Alexander García Hernández. (Basado en René Descartes)

miércoles, 21 de enero de 2009

Adiós Calderón

El pasado 16 de Enero se puso punto y final a la vinculación del abogado palenciano Ramón Calderón con el Real Madrid. El que fuese mandatario de la entidad madridista tuvo que dimitir tras las enormes presiones ejercidas por el diario Marca, quien además avaló con pruebas sus graves acusaciones. Ahora, sin meter más el dedo en la llaga de la última Asamblea de Socios del Real Madrid, toca hacer balance real de la gestión del Madrid durante estos últimos años de su mandato.
Y aunque no mantengo ningún prejuicio por la gestión de Ramón Calderón (algo de lo que no pueden presumir muchos de los que se hacen llamar periodistas) bien es cierto que a Calderón pocos datos positivos lo acreditan como un buen presidente. En cifras, tan sólo puedo citar que es el presidente del Madrid, con un mandato de poco más de 2 años y medio, que más ha gastado a lo largo de la historia; más de 300 millones de euros. Hasta aquí todo podría ser admisible (o no), si la calidad de los fichajes acreditara tal cantidad colosal de gastos, pero la verdad es que los fichajes del club merengue en este periodo realmente no son convincentes. Cannavaro, Emerson, Ruud van Nistelrooy, Gago, Higuaín, Metzelder, Pepe, Heinze, Saviola, Drenthe, Robben, Wesley Sneijder y Rafael van der Vaart engrosaron las filas del Madrid en los veranos de 2006, 2007 y 2008…Para mi, tan sólo Van Nistelrooy y Robben se pueden considerar grandes jugadores, los demás, algunos más otros menos, no dejan de ser jugadores sobre valorados. A esto se debe añadir que tres entrenadores han pasado por el banquillo del club en este tiempo, algo que desde luego no ha proporcionado ninguna estabilidad a la entidad, aun alcanzando varios títulos (¿qué hubiese pasado si no se hubiese ganado nada?).
A estos alarmantes datos debemos añadir que este Presidente no fue coherente con la verdad vendiendo la moto al socio madrisdista en el proceso electoral, prometiendo la adquisición de Kaká, Robben y Cesc. Ninguno de ellos llegó al Bernabeu, por lo tanto, Ramón Calderón mintió. Y el camino más salvaje de la democracia en toda entidad es la mentira. Las mentiras fueron la carretera que usó Calderón para llegar al Madrid, siendo la calle errónea y el sentido equivocado. Tarde o temprano las cosas volverían a su lugar, y de este modo a la mínima ocasión surgieron grandes argumentos de sus descalabros en la gestión del Madrid.
Por ello sólo queda añadir que el balance de la gestión de Ramón Calderón al frente del Madrid es de un suspenso, un suspenso propiciado y condicionado por su afán de protagonismo y sus mentiras presidenciales, por eso, una vez mas vuelve a ganar el fútbol por encima de las personas ambiciosas... Sólo queda decir… Adiós Calderón.

miércoles, 7 de enero de 2009

Futuro, pasado y presente

A veces suelo decir entre mis amigos que quien conoce el pasado puede predecir el futuro y aunque quizás no conozca tanto, como debería, acerca de la historia de la humanidad, sabemos que la historia siempre se repite. De este modo, si está escrita, sólo tenemos que leerla para revivirla y predecirla. Si a este proceso lógico le añadimos que cualquier acontecimiento histórico viene predecido por sucesos sociales, revueltas, manifestaciones o niveles de vida precarios, nuestro nivel de vaticinio sobre lo futuro puede alcanzar, en lo social y en lo político, el de adivino. El resultado es que tenemos una fórmula para encontrar algunas respuestas a una de las mayores preocupaciones de la humanidad: conocer el futuro. Pero no es el objeto de estas líneas escribir sobre bolas de cristal y cartas que predicen el futuro, al contrario, pretendo hablar de cómo las sociedades suelen tener comportamientos similares, independientemente del momento histórico o de los avances tecnológicos, y como, estudiándolos y conociéndolos podemos saber que consecuencia tendrá el hoy sobre el mañana.
Y aquí es donde yo ahora lanzo varias preguntas que deberíamos hacernos todos, ¿Nuestro pésimo nivel de vida, camuflado por el gobierno haciéndonos creyentes de una próspera economía, ha sido el principal detonante de esta crisis?, ¿Realmente nadie pronosticó este desenlace o realmente los bancos sólo pretendían, de manera avariciosa, lucrarse en ese momento sin importar las consecuencias? Pues en este caso la avaricia rompió el saco, el saco de nuestra mentira, la mentira de la prosperidad y del bienestar de los mileuristas de España… Esta crisis, este hecho histórico, como todo, se pudo predecir, se debió predecir pero pareció no interesar a nadie… Y ante esta crisis, que entra por la puerta de las casas de los españoles, necesitamos explicaciones de porqué se ha producido y porque no se ha predecido. Si nuestra economía era próspera, y la economía mundial era floreciente, me gustaría buscar causas más sociales que provocaron esta desaceleración, quizás sea nuestra pésima calidad de vida o las espectaculares campañas de marketing las que han confundido al grueso social, ahora sólo queda actuar ante este demoledor panorama que esperamos para 2009.

Alexander García Hernández