Si hablamos de jóvenes, a mí personalmente me gusta hablar de jóvenes cumplidores, trabajadores, serios, o padres prematuros que batallan, de cualquier manera y con cualquier medio, por un futuro prometedor. Inconformista, luchador, quien pretende hacer de este mundo un sitio mejor, aunque suene tópico, es así como me gustaría definir al joven de principios del siglo XXI. Y es que una juventud combatiente es sinónimo de un futuro, cuanto menos, estable. Pero sería incoherente hablar de una sola clase de joven, y tampoco creo conveniente caer en clasismos, sería como mirar sólo la parte medio llena de un vaso de agua, a sabiendas de que en este mundo los gustos y las personalidades son tan infinitas como colores o números, con lo que también existe el vaso medio vacio.
No podríamos englobar a todo el conjunto de jóvenes retratando el vaso medio lleno, tendríamos que basarnos en las innumerables formas de actuar para estratificar a la juventud y empezar a hablar de grupos. Es ahora, si pretendemos hacer esta categorización, cuando podemos hablar de tendencia juvenil, es decir, de corrientes modísticas espontáneas que surgen y promueven unos hábitos determinados durante un tiempo marcando las pautas de actuación del colectivo social, es decir, las modas. Así, si hablamos de modas, en estos tiempos y con este contexto, tenemos que hablar necesariamente del kinkismo que se aprecia en las calles, una corriente ideológica juvenil florecida durante la primera década del siglo XXI que hace apología por la violencia y la agresividad. El kinki es ese joven que se preocupa exclusivamente de su ocio y que aparca, de manera indefinida, sus compromisos o encargos limitándose únicamente a divertirse. La importancia del ocio para la juventud no es discutible, pero como todo, o se disfruta con moderación y templanza, o pecamos de exceso. Así, con la desgana como premisa por todo lo que le rodea, este tipo de individuo hace de su juventud un periodo de libertinaje sin límites que traerá consecuencias, hasta ahora desconocidas para él, durante el resto de su vida. Éstos, que optan por el kinkismo para entender la juventud, suelen ser adolescentes carentes de personalidad, con escasos principios y que realmente se inclinan por el camino más sencillo, "pasar de todo". Como resultado tenemos a un colectivo juvenil cuyas mayores preocupaciones suelen oscilar entorno a la adquisición de gorras, al consumo de estupefacientes, la agresión verbal, abandono escolar, dejadez familiar, precaria inserción al mercado laboral, endeudamiento prematuro... En definitiva, la sociedad está creando a un colectivo numeroso de jóvenes que no han crecido con el pretexto del esfuerzo, la superación o el compromiso a lo largo de su educación escolar y, en algunos casos, familiar. Ante esta falta de principios inculcados por su entorno, se producen chavales monotemáticos y agresivos, siendo común auscultarlos hablando de peleas, de pandillas, de coches o sencillamente reuniéndose diariamente con sus amigos en puntos determinados con el objetivo de entretenerse, generando así una peligrosa carencia de un entorno de responsabilidad. La educación recae en la especulación y en las creencias de todo lo que digan sus “colegas”. Y lo peor de todo es que estas generaciones se pierden y pierden, consecuentemente, una formación adecuada para enfrentarse con mayor garantía al mercado laboral y en definitiva, a la vida. Porque aveces parece que enamorarse de una jovencita, para estos jóvenes, es lo primero, quizás porque lo que realmente temen es quedarse solos, y ante ese temor su remedio no es otro más que centrarse en cortejar a las féminas con la máscara de "chico malo". Podría escribir libros acerca de esta nueva realidad juvenil (de hecho los hay) pero en este pequeño artículo a modo de opinión solo me queda añadir cual creo que es uno de los motivos principales de este, permítaseme, movimiento: la falta de proyectos y apoyos a los jóvenes por parte de la Administración y las ineficaces políticas juveniles que se desarrollan.
Esta es mi conclusión sobre lo que podemos llamar "kinkismo", todos lo hemos visto y sabemos que cualquier lugar de Tenerife sufre esta corriente carente de sentido y que conlleva a la violencia extrema, ante la cual ni se toman medidas ni se producen modificaciones, entre otras, de la ley del menor o el propio potenciamiento de la educación en valores desde la Primaria... Ahora sólo falta actuar y dejar de lado la propaganda y acciones preventivas, debido a que esta oleada progresiva de violencia puede maximizarse llegando a convertirse en incontrolable si no se toman medidas, véase el caso del joven Memo en San Andrés.
Alexander García Hernández
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lunes, 29 de diciembre de 2008
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