jueves, 18 de diciembre de 2008

Democracia Mental.

Publicado en "La Opinión" el 31 de Julio de 2008

Después de 30 años, nuestra flamante democracia adquiere un carácter de madurez y estabilidad, el sistema democrático ha conseguido logros que antaño fueron inimaginables y resulta necesario brindar por todos, y cada uno de los frutos, que nuestra sociedad ha recogido en cuantitativos resultados. La calidad de vida y la libertad nos ha transformado, ha cambiado nuestra forma de vivir, de pensar, de actuar… Aún así, debemos ser concientes de que son los hombres (y mujeres) quienes obran sociedades y que son las sociedades quienes modelan a los hombres, una relación recíproca inalienable que fabrica individuos como las multinacionales fabrican mercaderías. El hombre se moldea como antaño hicieron manos de alfareros con el barro, el entorno traza las líneas de actuación del individuo determinando la forma de vivir de sus habitantes. Nuestra libertad se esclaviza por la presión del entorno y por la alta influenciabilidad que los actores sociales sufren…

Y es que la libertad siempre será relativa, mientras exista publicidad y medio de comunicación y entretenimiento existirá la subjetividad, y mientras haya difusión de la subjetividad habrá manipulación mental. Todas y cada una de los personas será fuertemente manipulada, y sus decisiones, inconcientemente, serán la causa de la presión social intangible. La toma de decisiones y la forma de vivir parecen cuadros perfectamente diseñados, siendo pocos quienes vulneran y se replantean el origen de sus principios. Acarreados perjuicios en función a opiniones, creyendo ser, en la mayoría de ocasiones libres de mentes, dementes podría afirmarse... Por ello, quiero manifestar y exponer al lector en estas líneas la barrera invisible que tras nuestra libertad se esconde, que ser libre no siempre significa tener libertad… Pocos hoy pueden orgullosos pregonar su libertad mental, la libertad más importante que el hombre puede conseguir. Así, con nuestra democracia, y con este camino que comenzamos en 1978, debemos proponernos la libertad mental como el objetivo final para ser libres, libres de verdad.

De esta manera, la prensa rosa, los tertulianos radicales sin formación, los presentadores que muestran sus ideales en sus programas, escritores extremistas de opinión, la morbosidad periodística, las tasas de telespectadores para dirigentes de cadenas, los prejuicios generados por series televisivas, etc (podría hacerse interminable esta lista), no socorren ni fomentan el progreso de nuestra independencia mental más absoluta. No seremos autónomos intelectuales hasta que seamos capaces de obtener opiniones tras nuestras conclusiones, sin influencias externas, por insignificantes que parezcan; Seremos libres de verdad en democracia si conseguimos ser nosotros mismos y pensar por nosotros mismos, sin posicionarnos con opiniones previamente vertidas en medios de comunicación… Empecemos a ser libres, a pensar por nosotros mismos y alcanzaremos la libertad mental, la libertad absoluta.

“Las sociedades no necesitan intérpretes de opinión, necesitan informadores”
Alexander García Hernández

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